Guía completa
Una válvula que vive entre hollín
La EGR abre un paso entre el escape y la admisión para que una parte de los gases vuelva a entrar en el motor. Así baja la temperatura de combustión y se forman menos óxidos de nitrógeno. Es una buena idea sobre el papel, pero obliga a la válvula a trabajar rodeada de hollín.
Con el tiempo, ese hollín se mezcla con los vapores de aceite que llegan desde el respiradero del cárter y se convierte en una costra. La válvula se vuelve perezosa, no cierra del todo o se queda abierta, y el motor lo nota.
Cómo lo vemos en Córdoba
El patrón más habitual es el de un diésel que hace casi todo su recorrido dentro de la ciudad: del barrio al centro, del centro al polígono, siempre a pocas vueltas y con el motor templado. En verano aguanta, pero en invierno, con mañanas frías y el motor tardando en calentar, aparecen los tirones al acelerar suave.
También la vemos en furgonetas de reparto que paran y arrancan decenas de veces al día. Si es tu caso, conviene revisar la EGR cada cierto tiempo aunque no dé fallo.
Limpiar o cambiar
La válvula tiene una parte mecánica (el paso y la mariposa) y, en la mayoría de motores modernos, un motor eléctrico con sensor de posición. Si el problema es solo carbonilla, la limpieza devuelve el funcionamiento. Si el motor eléctrico o el sensor fallan, hay que cambiarla.
Además, miramos el colector de admisión. Si está muy obstruido, limpiar solo la válvula es quedarse a medias.
Después de la reparación
Tras cualquier intervención hay que hacer la adaptación con la máquina de diagnosis para que la centralita conozca las nuevas posiciones de la válvula. Si no se hace, el testigo puede volver a encenderse.
Si tu diésel da tirones a bajas vueltas o echa humo negro, escríbenos por WhatsApp y te damos cita para comprobarlo.