Guía completa
El asfalto caliente cambia las cuentas
En verano, el asfalto de una avenida cordobesa a media tarde está muchísimo más caliente que el aire. Un neumático que rueda sobre él con poca presión se flexiona más, se calienta más y se desgasta antes. Y si además el coche va cargado camino de la costa por la A-45, el riesgo de que un neumático viejo falle sube.
Por eso, más que cualquier marca concreta, lo que más alarga la vida de las ruedas aquí es la presión correcta. Mírala en frío, una vez al mes, y siempre antes de un viaje.
Cómo elegimos contigo
Antes de recomendar un modelo te hacemos tres preguntas: cuántos kilómetros haces al año, si son de ciudad o de carretera, y si el coche pisa caminos de tierra. Con eso ya hay poco que dudar.
- Mucha ciudad y pocos kilómetros: un neumático de gama media cumple bien y no merece la pena pagar por prestaciones que no vas a usar.
- Muchos kilómetros de autovía: compensa una gama más alta, que suele durar más y frenar mejor en mojado.
- Caminos de la campiña o la sierra: conviene un flanco más resistente.
La fecha también cuenta
En el flanco hay un código de cuatro cifras: semana y año de fabricación. En un clima tan seco y caluroso, la goma pierde elasticidad con los años aunque el dibujo esté bien. Si vemos grietas finas o la goma está dura, te lo decimos aunque el neumático “parezca nuevo”.
Pinchazos: cuándo sí y cuándo no
Un clavo en el centro de la banda se repara desde dentro, con el neumático desmontado. Lo que no hacemos es reparar en el flanco ni poner un parche a un neumático que ha rodado desinflado, porque por dentro puede estar dañado aunque por fuera no se note.
Alineación después de un bordillo
Si has subido un bordillo con fuerza o has caído en un bache de los caminos rurales, la geometría puede haberse movido. Se nota en que el volante no queda recto o en un desgaste desigual. Merece la pena revisarlo antes de montar neumáticos nuevos. Escríbenos con la medida que llevas y te decimos qué hay.