Guía completa
Lo que mide y por qué importa
La sonda lambda va enroscada en el escape y mide el oxígeno que queda en los gases. Con ese dato, la centralita ajusta cuánta gasolina inyecta: si sobra oxígeno, añade; si falta, quita. Es un ajuste que se hace muchas veces por segundo.
Cuando la sonda envejece, responde más despacio o da valores desplazados. El motor deja de afinar la mezcla, el consumo sube y el catalizador recibe gases que no puede limpiar del todo.
El código no siempre tiene razón
Un código de “mezcla pobre” o “sonda lenta” no significa que haya que cambiar la sonda. Antes miramos:
- Tomas de aire en manguitos de admisión o en la junta del colector. Con el calor del verano cordobés, las gomas se resecan y se agrietan.
- Fugas de escape antes de la sonda, que meten oxígeno y engañan a la lectura.
- Inyectores que pulverizan mal.
- Presión de combustible baja.
Si cualquiera de estas cosas falla, una sonda nueva dará el mismo código en pocos días.
Delantera y trasera
La mayoría de coches de gasolina tienen dos. La de delante, antes del catalizador, regula la mezcla. La de detrás compara y comprueba que el catalizador trabaja. Cuando el fallo viene de la trasera, muchas veces lo que pasa es que el catalizador ha perdido eficacia, y cambiar la sonda no lo arregla.
Un detalle que ahorra problemas
Las sondas se agarran a la rosca del escape con el calor. Si se fuerzan en frío, la rosca se puede estropear y hay que repararla. Por eso las desmontamos con el escape templado y montamos la nueva con pasta específica para altas temperaturas.
Si te ha subido el consumo o tienes el testigo encendido, pide cita por WhatsApp y lo comprobamos con datos en vivo.