Guía completa
El motor también respira por dentro
Durante la combustión, una pequeña parte de los gases se cuela entre los segmentos y el cilindro y acaba en el cárter. Si no se sacaran, la presión interna subiría y empujaría el aceite por los retenes. El sistema de ventilación del cárter se encarga de llevar esos gases a la admisión para quemarlos, y la válvula PCV regula cuánto pasa.
En muchos motores modernos, la válvula va integrada en un módulo con un separador de aceite y una membrana de goma. Esa membrana es el punto débil.
Goma, calor y años
La membrana trabaja pegada a la culata, que es una de las zonas más calientes del motor. En una ciudad como Córdoba, donde en verano el vano motor está muy caliente durante horas, la goma se endurece y acaba agrietándose. A partir de ahí, la válvula deja pasar aire sin control.
El síntoma más reconocible es un silbido agudo al ralentí, a veces acompañado de un ralentí algo irregular. Si se quita el tapón de llenado de aceite con el motor en marcha y hay una succión fuerte, es otra pista clara.
Lo que provoca si se deja
- Mezcla pobre: el motor aspira aire que el caudalímetro no ha medido, y la centralita no puede corregirlo del todo.
- Consumo de aceite: los vapores pasan a la admisión y se queman.
- Suciedad en la admisión: el aceite se mezcla con el hollín de la EGR y forma depósitos.
- Fugas por retenes: si la ventilación se obstruye, la presión interna sube.
Revisar el conjunto
No nos limitamos a cambiar la válvula. Revisamos los tubos del circuito, que con el calor también se rajan, y el separador. Una reparación a medias deja el síntoma igual. Al terminar, borramos los fallos y comprobamos que los ajustes de mezcla vuelven a la normalidad.
Si tu coche silba al ralentí o gasta aceite sin fugas a la vista, escríbenos por WhatsApp.