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El líquido que casi nadie revisa por su cuenta

El refrigerante entra de fábrica y suele recibir su primer cambio en el concesionario, si acaso. A partir de ahí, muchos coches acumulan 150.000-200.000 km sin que nadie vuelva a mirarlo. El problema es que, aunque el nivel se mantenga, el líquido pierde propiedades con el paso de los años: reduce su capacidad para evitar la corrosión interna y, al final, puede dañar piezas que sí son caras — radiador, bomba de agua, termostato, intercambiador.

No todos los anticongelantes son iguales

Cada fabricante especifica su propia química: G12, G12+, G12++ y G13 (rosa y morado) para el grupo VAG; OAT azul para Toyota, Mazda y parte de Honda; HOAT amarillo para Ford; G48 azul-verde en los Mercedes y BMW más antiguos; OAT verde en Hyundai y Kia; y fórmulas propias de Glycol en los modelos modernos de PSA. Mezclar tipos distintos no es una cuestión de matiz: la reacción química entre familias distintas hace precipitar partículas que terminan obstruyendo conductos y radiador.

Para saber cuál corresponde al tuyo, la vía fiable es el manual del vehículo o la etiqueta del propio depósito de expansión; el color por sí solo orienta, pero no es definitivo. Si el coche viene de segunda mano y no hay forma de confirmarlo, lo más seguro es un purgado completo y rellenar con el tipo correcto verificado por matrícula.

Cambio simple o purgado completo

El cambio simple (50-80 €) vacía el depósito y el radiador, y mezcla aproximadamente un 70% de líquido nuevo con el 30% que queda retenido en el motor — suficiente si se hace con la periodicidad recomendada. El purgado completo (80-130 €) vacía también el bloque motor y es la opción indicada si nunca se ha hecho, si se cambia de tipo de anticongelante o si el sistema está claramente contaminado.

Un apunte sobre el calor y el tráfico de aquí

El refrigerante no solo enfría el motor: en muchos coches también templa el aceite de la caja de cambios a través de un intercambiador antes de que alcance su temperatura óptima. Con un circuito bien mantenido esto no da ningún problema, pero un refrigerante degradado que ya disipa peor el calor añade un grado más de estrés justo en los meses de más calor y en los tramos de tráfico lento — las dos condiciones que más exigen tanto al motor como a la transmisión en esta ciudad. Mantener el refrigerante al día es, en ese sentido, una manera indirecta de cuidar también lo que va conectado a él.