Guía completa

Manual, automática o doble embrague

Hablar de “caja de cambios” es hablar de tres mecanismos distintos.

La manual es la más sencilla: engranajes, sincronizados y rodamientos bañados en aceite. Sus averías suelen avisar con tiempo, en forma de marcha que rasca o zumbido.

La automática de convertidor usa un convertidor de par y un conjunto de embragues internos gobernados por presión de aceite. Depende mucho de que ese aceite esté en buen estado.

La de doble embrague funciona como dos manuales coordinadas por una unidad electrohidráulica, la mecatrónica. Es rápida y eficiente, pero sensible a la temperatura y al estado de su aceite.

El calor, factor clave en las automáticas

Una caja automática trabaja más caliente en atascos y cuestas, y en Córdoba se suman las temperaturas del verano. El aceite se oxida antes, pierde propiedades y la caja empieza a cambiar con brusquedad o a patinar entre marchas.

Por eso, aunque el fabricante no marque un intervalo, en coches con muchos años o muchos kilómetros de ciudad recomendamos revisar y, si procede, cambiar el aceite con el fluido exacto que pide esa caja. Después se hacen las adaptaciones con la máquina de diagnosis para que la caja reaprenda los puntos de cambio.

Antes de abrir

Abrir una caja es un trabajo largo, así que antes descartamos lo que está fuera:

  • Embrague que no desacopla del todo y hace rascar las marchas.
  • Soportes de motor y caja rotos, que provocan golpes al cambiar.
  • Mando o cables del selector desajustados.
  • Nivel de aceite bajo por una fuga en un retén.

Si nada de eso explica el síntoma, valoramos abrir la caja y te damos el presupuesto con lo que haya dentro.

Si conduces una furgoneta de trabajo

Las cajas de las furgonetas de reparto que se mueven por los polígonos de la ciudad sufren por las arrancadas con carga. Si notas que una marcha cuesta más de lo normal, no esperes a que se quede atascada. Escríbenos por WhatsApp con el modelo.